viernes, 12 de enero de 2018

Expediente River a solas con Antonio Alzamendi 2018

Camino a la gloria: el gol de Antonio Alzamendi y River campeón del mundo de clubes 1986

- Tipo sencillo. Guapo como cualquier uruguayo de ley. Portador de un perfil que lo mantuvo siempre alejado de las polémicas y la exposición innecesaria que suele provocar la vorágine del fútbol argentino. Eran otros tiempos, es verdad. Pero en este hoy en que vivimos donde un pibe que jugó medianamente bien dos fines de semana seguidos se siente con la facultad de mirar por encima del hombro todavía hay glorias que habiendo escrito páginas doradas en la historia de sus clubes siguen teniendo los pies sobre la tierra. Porque a este señor las nuevas generaciones de hinchas riverplatenses lo conocen e idolatran tanto como a cualquier futbolista del actual plantel. Y no es para menos… futbolista sudamericano 1986, actuaciones inolvidables en Superclásicos, campeón de Argentina, América y mundial defendiendo nuestros colores. Para Expediente River es un verdadero honor haber podido entrevistar al autor del único tanto de la historia de la institución en una final de Copa Mundial de Clubes y hasta hace dos años el único también en haber convertido en cualquier instancia del mencionado torneo; récord hoy compartido con Lucas Alario quien marcó en las semifinales del 2015. De píe, con nosotros: Antonio Alzamendi.


- Vamos por el principio, ¿Cómo fueron sus inicios en el fútbol?

- Al principio como todo niño jugando en el campito, éramos veinte contra veinte. Luego jugué al baby fútbol en el Club Huracán de mi ciudad y a partir de ahí fui subiendo categorías en el Club Wanderers y en selecciones también de mi departamento. Luego a nivel profesional pude debutar en Sud América de Uruguay.


- Tuvo una primera etapa fugaz por el club allá por 1982, ¿Cómo fue dar el salto de llegar a River con veintidós años y a un plantel con figuras de la talla de Fillol, Gallego, Tarantini? ¿Cuáles fueron sus primeras sensaciones del “Mundo River”?

- ¡Llegar a River fue un sueño hecho realidad! Pero tuve la mala suerte de que se fueron la mayoría de los grandes. Me hubiese gustado jugar con Kempes, Luque, Ortiz, Passarella, J.J López, pero solo pude hacerlos con unos pocos… 


Venía de mostrar un gran nivel en Independiente y River no fue la excepción. Aun así, decidió irse al año, ¿Por qué?

- Me fui porque tuve diferencias con Aragón Cabrera (ex presidente de la institución).


- ¿Tomó su vuelta al club como una revancha personal?

- Sin ninguna duda fue algo muy personal, yo quería demostrar que podía. Y se me pudo dar gracias al presidente Hugo Santilli, Paco Casal y la aprobación del Bambino Veira.


- Ese plantel de 1986 quedó en la historia del fútbol argentino entre otras cosas por sus hazañas contra Boca, ¿Qué significó para usted haber eliminado al máximo rival de la Copa Libertadores de América y encima con un gol suyo?

- Siempre jugar contra Boca es lo máximo para un jugador de River. Y dejarlo fuera es todavía más sabroso. Y creo que lo mismo sucede al revés.

Pícaro y goleador, al uruguayo le iba muy bien enfrentando a Boca Juniors

- ¿Qué particularidad tenían ustedes para sacar adelante tantos partidos importantes?

- Con todo respeto lo digo: calidad y huevos.


- ¿Qué lugar ocupa en su carrera y su vida personal la obtención de la Copa Libertadores de América?

- ¡Fue lo máximo ganarla por primera vez en la historia! Estar en lo más alto pocos lo pueden hacer. Y nosotros pudimos. Lástima que esos campeones no sean reconocidos. Política estúpida…


- ¿Como fueron esos días previos a la final de la Copa Intercontinental de Clubes en Tokyo? ¿Se sentían favoritos por tener un rival no tan conocido?

- La vivimos con mucha tranquilidad y responsabilidad. ¡Pero ojo! Venían de ganarle la final de la Champions al Barcelona y casi todo el equipo pertenecía a la selección rumana.


- Gol a Steaua Bucarest y campeón del mundo de clubes con River ¿Cómo recuerda aquella mágica final?

- La recuerdo a cada momento. Y son los hinchas, no los dirigentes, aquellos que todavía la mantienen viva y dejando de herencia a hijos y nietos. Por eso es que hoy ustedes me entrevistan y yo disfruto tanto su cariño.

El póster que todos tenemos en nuestra mente, el rumano Stingaciu no llega y Antonio la manda a la red

- A más de treinta años de la hazaña mundial, ¿Todavía siente el reconocimiento de la hinchada de River, principalmente de las nuevas generaciones?

Si, sin ninguna duda, a cada momento. Y en nombre de ese gran grupo les digo gracias.


- Tuvo la oportunidad de jugar con dos próceres como el ‘Beto’ Alonso y Enzo Francescoli, ¿Qué se aprende de jugadores de ese calibre?

- El Beto y el Enzo fueron dos fenómenos de diferentes virtudes. Pero no sólo aprendí, yo diría que en realdad aprendimos juntos porque también pude sumar lo mío.


- ¿Qué futbolista actual tiene cosas de Antonio Alzamendi?

- No comparo porque Alzamendi fue Alzamendi. Y no lo digo por agrandado, yo fui uno más en la rica historia del fútbol.


- ¿Cómo ve el presente de River? ¿Qué opina del trabajo de Marcelo Gallardo?

- Marcelo Gallardo es un fenómeno que desde que llegó, junto con un gran grupo de jugadores con hambre, logró darle a River fútbol y gloria.


- ¿Le queda algún sueño por cumplir?

- Si, poder seguir consiguiendo cosas y dirigir en Argentina algún día. El que deja de soñar y no trabaja, no consigue nada. La vida hay que vivirla y principalmente disfrutarla. Eso hago y seguiré haciendo.


- Por último, Antonio, un mensaje para los hinchas de River...

- Que sigan así y nunca dejen de alentar porque a veces se gana y otras se pierde. No hay que cambiar tanta gloria por algún que otro año malo. Les doy gracias de por vida y les mando un abrazo de gol mundial.

martes, 19 de diciembre de 2017

River Plate elimina a Boca Juniors de la Copa Libertadores 1970


- "El tema de la angustia del ser humano por morir me importa tanto como un partido de Libertadores, o inclusive menos. Porque la muerte está al alcance de cualquiera, la Copa Libertadores no", deliciosa frase inmortalizada por Alejandro Dolina que elegimos para la apertura de este informe quizá por la concisión con la que logró precisar los sentimientos encontrados que a cualquier enfermito de la redonda le provoca esta competición única. En vista de que de este lado del charco no hay certamen que, por más profesional que sea, tenga esa connotación de barrio, de guapeza, de potrero. La final del mundo en Japón, es lo máximo, claro, pero la Libertadores es diferente. Jugarla implica hacer historia. Ganarla, no hay palabras. Desde que vio la luz en abril del '60 al día de la fecha se han disputado cincuenta y seis ediciones (actualmente se está disputando la Nº57) de una copa que por más marketing que la envuelva, vista en televisor a tubo o en high definition o siendo adornado su nombre por la multinacional extranjera de turno, la que alguna vez se llamó Copa Campeones de América que pasó luego a ser la Copa Libertadores de América y hoy conocemos como Copa CONMEBOL Libertadores Bridgestone, continua y continuará siendo siempre la obsesión más hermosa del continente. Conducidos por el capitán Gallardo, aquel sueño libertador del pueblo Riverplatense que se hizo realidad en aquella lluviosa noche del 2015 ante Tigres se renovará en febrero del año que viene cuando inicie una nueva edición del trofeo más preciado. Por consecuente, y en el marco de la presente trigésima tercera participación que este año cumplió El Más Grande en la copa dedicamos estas líneas a uno de los acontecimientos más rutilantes en la historia internacional de nuestra institución. Porque en medio de esos lúgubres diecisiete años y monedas en que la gloria fue esquiva por Núñez aun así se vivieron pequeñas grandes alegrías que indefectiblemente quedaron sepultadas por tantas tristezas: eliminar a Boca de la Copa Libertadores por segunda vez en la historia, por ejemplo. 

La Copa Libertadores de América 1970 fue la undécima edición del torneo de clubes más importante del continente sudamericano. La disputaron 19 equipos de nueve países: Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela. A su vez como había ocurrido en la edición anterior Brasil cedió sus dos plazas correspondientes y no envió representantes por estar aún en desacuerdo con el formato de juego elegido por CONMEBOL. El título fue por tercera ocasión para Estudiantes de La Plata que venció a Peñarol de Uruguay en la final. Pero seguramente el atractivo más destacado que ofreció aquella Copa Libertadores fue el Superclásico del fútbol argentino que se disputó cuatro veces en dicha edición. Comencemos poniéndonos en contexto. Aquel 1970 parecía ser un año bisagra para un River que venía de tres subcampeonatos consecutivos y marchaba derechito al cuarto -aquel (mal)recordado Metropolitano ‘70 perdido por un gol de diferencia ante Independiente-. Ese mismo año volvíamos a jugar la copa tras la decisión de AFA de renunciar a disputarla en 1969 y teníamos nada más y nada menos que a los innombrables integrando el mismo grupo de primero ronda que nosotros. Dato no menor es que los muchachos de la ribera andaban con un pánico escénico que ni se puede mencionar. No es para menos, cuatro años atrás en su última participación libertadora los habíamos eliminado de local arrancando nosotros dos goles abajo, je.

El 17 de febrero de 1970 River Plate recibió a Boca Juniors por la jornada inaugural del Grupo 1 de la Copa Libertadores en el Estadio Antonio Vespucio Liberti bajo un marco imponente de la parcialidad local, digno de una final. El reñido duelo finalizó con victoria xeneize por 3 a 1 con goles de Aldo Villagra y Jorge Coch (X2). Enzo Gennoni marcó el empate parcial para el Millonario. Debut copero accidentado para un plantel que empezó trastabillando ante el enemigo más clásico de todos pero que con el correr de la competencia se conviritia en su verdugo mas temido.

Imágenes de la derrota de River Plate ante Boca Juniors por 3 a 1 en la Copa Libertadores 1970

Tapa de la revista “Así es Boca” Nº813 correspondiente al 18 de febrero de 1970 (atención a la reseña en oscuro)

El 19 de marzo de 1970 en el Estadio Alberto José Armando y por la última jornada del Grupo 1 el Boca de José María Silvero derrotó al equipo de Ángel Labruna por 2 a 1 con goles de Alfredo Hugo Rojas y Raúl Savoy. Nuevamente fue derrota superclásica en aquella Libertadores para un River que de todas maneras ya estaba clasificado a segunda ronda tras vencer al Bolívar de Bolivia en Buenos Aires. Así, en la general del Grupo 1 Boca Juniors finalizó invicto en la primera ubicación con 11 puntos y segundo avanzó sin inconvenientes River con 7 unidades. La categórica diferencia de jerarquía entre La Banda Roja y sus adversarios del altiplano se pudo ver plasmada en el campo de juego con victorias muy holgadas donde principalmente se destaca lo que fue la máxima goleada de la historia de la institución en la Copa Libertadores de América, al derrotar por 9 a 0 a Universitario de La Paz en el Estadio Monumental. ¿La segunda? El 8 a 0 ante Jorge Wilstermann por los cuartos de final de vuelta de la corriente edición.

Retrato del gol de Daniel Onega a Universitario de Perú la noche en que River Plate realizó la máxima goleada de la historia del club en la Copa Libertadores de América (9-0)

Imágenes del entrenamiento en el Monumental del River de Ángel Labruna de cara al segundo Superclásico copero del Grupo 1 de la Copa Libertadores 

Resumen de Boca Juniors 2 - 1 River Plate correspondiente a la última jornada del Grupo 1 de la Copa Libertadores 1970

Tapa del Diario Clarín correspondiente al 20 de marzo de 1970

En ese tiempo el formato de la Copa Libertadores establecía que los ocho clubes clasificados a la segunda fase se dividirían en tres grupos (1, 2 y 3), dos compuestos por tres integrantes y el restante por dos. A su vez únicamente los equipos ubicados en la primera posición de su grupo serían aquellos que avancen a semifinales. River Plate, Boca Juniors y el Club Universitario de Deportes peruano integraron el Grupo 1, Peñarol de Uruguay, Guaraní de Paraguay y la Liga de Quito ecuatoriana conformaron el Grupo 2, mientras que Nacional de Uruguay y la Universidad de Chile compartieron el Grupo 3.

16 de abril de 1970, Estadio Antonio Vespucio Liberti, Buenos Aires. Tras haber vuelto ambos vencedores de Lima ante Universitario, el River de Labruna y el Boca de Silvero llegaban al clásico como lideres con tres unidades cada uno y con la posibilidad latente de sacarse ventaja por sobre el otro y aprovechar ese envión anímico para comenzar a encaminar la clasificación a semifinales. Ni el recuerdo subyacente de la final del Nacional 1969 ni los cruces de primera ronda que coronaban favorito al elenco visitante fueron impedimento para que un sutil toque del ‘Chamaco’ Rodríguez en previa pared con Onega venza a Roma, y le permita al Millonario llevarse el triunfo en un partido durísimo a colmado estadio. A los 63 minutos del segundo tiempo el eterno Oscar ‘Pinino’ Más desvió un penal que inclusive pudo haber aumentado la diferencia.

Así formó River Plate: Hugo Carballo, Roberto Ferreiro, Miguel Ángel López, César Laraigneé, Jorge Dominichi, Carlos Rodríguez, Jorge Recio, Enzo Gennoni, Néstor Scotta, Daniel Onega y Oscar 'Pinino' Más

Director Técnico: Ángel Amadeo Labruna

Tapa del Diario Clarín correspondiente al 17 de abril de 1970

Fragmento de la Revista River N°1324 correspondiente a abril de 1970

El objetivo era uno y estaba muy claro: había que borrar a Boca de la copa

Ya vencido Boca el siguiente escollo fue nuevamente el duro Universitario peruano de las grandes figuras como Héctor Chumpitaz, ‘Cachito’ Ramírez y Percy Rojas, que, a pesar de su jerarquía individual como colectiva, fue vapuleado en Núñez por 5 a 3 con una actuación para el recuerdo del eterno Oscar ‘Pinino’ Más, autor de un hat-trick esa noche. A la última jornada de aquel Grupo 1 River Plate llegaba líder absoluto con seis unidades, seguido por su acérrimo rival dos puntos abajo y ya sin chances por haber caído en todos los partidos de la segunda fase, Universitario. Por todo esto el semifinalista de la copa saldría del duelo Superclásico de la última jornada.

20 de abril de 1970, Estadio Alberto J. Armando, Buenos Aires. Ya en la previa se percibía un ambiente muy denso generado malintencionadamente, cuando no, por el presidente xeneize Alberto José Armando, que en los días precedentes al partido había estado hablando de un complot contra su institución y de “cosas turbias” por parte de la terna arbitral que dirigió a los suyos frente a Universitario (contradictoriamente ganó 1 a 0), etcétera. En fin, nada que no sea sandeces de un polémico dirigente amigo de los poderes de turno. Dejando un poco de lado eso y retornando estrictamente a lo deportivo, una Bombonera colmada fue testigo de la histórica muestra de hombría por parte de un River que se le plantó de igual a igual a Boca. Desde un principio el encuentro estuvo teñido de violencia por parte de la defensa local, especialmente por parte de Suñé, Nicolau y Rigel, tres auténticos picapiedras, que ante la mirada complaciente de otro anti-River, el referee Roberto Barreiro, pegaron a diestra y siniestra durante casi 45 minutos constantes. El pitazo final de aquel desdibujado primer tiempo entregó un alarmante mensaje para los primos: el marcador igualado en cero clasificaba al Más Grande. Silencio y preocupación del 80% del público presente que sumergidos en el profundo silencio que produce la ansiedad observaban como los equipos partían a las duchas. Quedaban 45 minutos más.

El eterno Ángel Labruna, como de costumbre, tapándose la nariz de camino al banco de suplentes de la Bombonera

Comenzado el segundo tiempo el dominio era repartido y ninguno se hacía demasiado daño por más que las pocas acciones creativas nacían en los pies del icónico ídolo boquense Ángel Clemente Rojas. Pero con el correr de los minutos la tendencia ofensiva de un Boca necesitado de tan solo un gol para ponerse en ventaja y eliminar al eterno rival desató un auténtico vendaval de ocasiones de gol que parecían doblegar a la resistencia Millonaria sostenida por Laraignée, Miguel Ángel López y el ‘Chamaco’ Rodríguez. El gran choque parecía que iba camino a la igualdad eterna, hasta que llegó el minuto 65 y la historia se volcó definitivamente para los de Labruna cuando un furibundo pelotazo largo encontró bien perfilado a Daniel Onega dando lugar a una de las jugadas más discutidas de la era contemporánea del fútbol argentino, ya que al parecer Danielito acomodó el balón con la mano y tras una larga y solitaria corrida definió cruzado contra un palo ante la salida desesperada de Antonio Roma. Aquel inesperado gol de River desató la algarabía de las miles de almas rojiblancas que se encontraban eufóricas gritando desde la tribuna visitante en el sepulcral silencio de un estadio anonadado tras recibir un puñal irónicamente en el corazón en el mejor momento de su equipo. La eliminación xeneize era prácticamente un hecho por lo que los nervios propios de verse afuera del certamen llevaron a que a casi 15 minutos del final en una de las escaramuzas se fuera expulsado el histórico Norberto Madurga tras pelearse con el ‘Chamaco’ Rodríguez, también expulsado. A los 81’ minutos Rojas de volea estampó el esférico en el ángulo de ‘Perico’ Pérez. Boca trató de capitalizar los últimos minutos que quedaban, pero el tiempo es tan tirano que se agota cuando más se lo requiere y el pitido final desató la fiesta Riverplatense en terreno enemigo, ¡por segunda vez en la historia River Plate eliminaba a Boca Juniors de la Copa Libertadores de América!, ¡y nada más y nada menos que en la Bombonera!

Retrato del gol de Daniel Onega a Boca Juniors en la Bombonera por la última jornada de la segunda fase de la Copa Libertadores 1970

Tapa de la edición N°150 correspondiente al 4 de mayo de 1970

Tapa de la Revista River N°150 correspondiente al 4 de mayo de 1970

Artículo de la Revista River N°150 correspondiente al 4 de mayo de 1970


Artículo de la Revista River N°150 correspondiente al 4 de mayo de 1970

martes, 22 de noviembre de 2016

Mario 'Atómico' Boyé: "El Monumental es una obra magnífica y majestuosa" 1977

El Antonio Vespucio Liberti, la imponente olla a presión que hizo caer a los mejores en más de una oportunidad -en portada un retrato de River Plate 5 - 1 Boca Juniors, octubre 19 de 1941-

- 12 de octubre de 1974, Estadio Monumental, Buenos Aires. Desde las cúspides de las sibaritas tribunas riverplatenses se puede apreciar una imagen muy recurrente de aquella época. Miles de elegante sombreros se amontan en las adyacencias del estadio para ingresar lo más rápido posible a los anillos del club y encontrar las escaleras correspondientes que los llevasen directamente al cielo. Un cielo tan celeste y blanco como los colores que esa tarde los futbolistas de la Selección Argentina de Fútbol defendieron contra los muchachos de Ladislao Kubala, que hicieron lo propio para el combinado de la madre patria. Fue empate 1 a 1 en el marco del certamen amistoso “Copa 12 de octubre”. Aquel día quedó plasmado en la retina de los grandes historiadores del fútbol argentino, y no por el gol de cabeza del defensor mendocino Roberto Domingo Rogel, sino porque esa fue la primera vez en que el flaco César Luis Menotti pudo exponer en el verde césped su proyecto futbolístico, el primer proyecto serio que se presentó y desarrolló en el seleccionado argentino. Ocho jugadores de Independiente, seis de Huracán, tres de Boca Juniors y uno de River Plate tuvo la primera convocatoria de Menotti, el mismo día en que fue confirmado como entrenador. Cabe mencionar que de cara al debut contra España, ‘El Flaco’ no tuvo tiempo para trabajar, no utilizó a todos los jugadores que quería por la negativa de los clubes que debían cederlos y tampoco contó con el apoyo del público. Tras la Copa del Mundo que los alemanes levantaron en las narices de la mítica Naranja Mecánica se sabía que la sede del Mundial ‘78 seria nuestro país. Y lógicamente la sede principal del evento deportivo más espectacular de la tierra debía ser el mejor escenario disponible, y en Argentina, si se habla de un escenario monumental, se está hablando del Antonio Vespucio Liberti.

Roberto Rogel marca el empate, a seis minutos del final, en el 1 a 1 de 1974 ante la Selección de España (Foto: Diario Clarín)

De cualquier manera el fin de este informe no es comparar el estilo de juego vistoso de César Luis con la impresentable “estrategia” inconexa que propone Bauza y así exponer al actual seleccionador, muy por el contrario venimos a analizar un material correspondiente a los amigos de Fútbol Retro TV titulado “Argentina ’78: Mundial y Dictadura parte I” que estimamos de fines de 1977, donde se puede ver como dos próceres de nuestro balompié como la gloria boquense Mario Emilio Heriberto Boyé y el máximo ídolo de la historia del Club Atlético River Plate Ángel Amadeo Labruna, le cuentan a la prensa las sensaciones de contemplar con sus propios ojos al Estadio Monumental de Núñez en óptimas condiciones de cara al gran certamen mundial y de sus expectativas en cuanto al rendimiento que tendría combinado albiceleste en la competencia venidera. Mario ‘El Atómico’ Boyé, quien por su extraordinario desempeño goleador con las camisetas de Boca, Racing y Huracán se convirtió en uno de los mejores atacantes de la historia del fútbol argentino y que hoy descansa en paz en la cima de los ídolos más grandes de la historia xeneize, declaró sin pelos en la lengua: Al estadio de River siempre se le dijo ‘Monumental’, pero ahora ya es algo ‘súper Monumental’. La verdad que esto es algo extraordinario, es una obra magnífica y majestuosa. Siento envidia por los muchachos que van a defender nuestros colores y van a integrar el seleccionado que intervenga en el próximo mundial. Me gustaría tener treinta años menos para tener el orgullo de vestir los colores nacionales”. ¿Un histórico de Boca emocionado por el imponente estadio de River y reconociendo que el mismo es una obra arquitectónica magnífica y majestuosa? Señor juez, no más palabras.

Declaraciones de Mario 'Atómico' Boyé acerca del Estadio Monumental correspondiente a fines del año 1977

Paradójicamente mientras usted lee estas líneas, la actual selección subcampeona del mundo todavía no tiene su boleto asegurado para la copa del mundo del 2018 y el siguiente escollo para Lionel Messi y sus amigos será el mismo que nos ganó dos finales de América consecutivas manteniendo el arco en cero en los 240 minutos que suman los dos partidos de instancia definitiva. Los amantes de las teorías conspirativas dirán que es imposible que una organización política mundial que tiene como prioridad lavar millones en lugar de regular el deporte rey como lo es la FIFA, permita que Rusia 2018 no exhiba como gran anfitrión al mejor futbolista del planeta. Le pese a quien le pese este presente bochornoso del seleccionado comienza desde la cúspide estructural de una AFA que está siendo presidida por el dueño de Tsu Cosméticos Armando Pérez, continuando con un plantel de excéntricos multimillonarios que a pesar de vestir Armani y oler a Hugo Boss no pueden hacer un gol (directamente de ganar ni hablamos) en tres finales seguidas y que con 19 puntos de 36 posibles están a seis partidos de quedar en la memoria del país como el grupo de jugadores que dejaron a la Argentina sin jugar la copa del mundo. El técnico… ¿Tenemos técnico?, ¿Realmente existe en este seleccionado una persona encargada de una dirección, instrucción y logística de entrenamiento seria para el plantel?, ¿Entenderá ‘El Patón’ que una eliminatoria no se juega como una Copa Libertadores donde de local se ataca y de visitante se busca el empate? Es una pena que Edgardo Bauza no haya tenido el coraje suficiente para romper con la logia de amigos de la infancia que Lionel Messi mantiene desde hace años y convocar hombres que tengan la suficiente capacidad motriz de anotar en los partidos importantes y defiendan los colores patrios por merecimiento y no por contar los mejores chistes de borrachos en las concentraciones como es el caso de Ezequiel Lavezzi y de tantos otros ciclos cumplidos.

Resulta bastante incoherente, o como mínimo muy poco serio, que la suerte de una potencia histórica mundialista conducida dentro de la cancha por el que para muchos es el más grande futbolista de todos los tiempos, radique en el estadio a ejercer la localía de acá a que un hipotético repechaje nos separe. Ellos dicen que contra Chile la Bombonera empuja más. Que late. Que se mueve. Simulando que sea un hecho dudamos que esos “latidos” modifiquen el temple de los jugadores nacidos en uno de los países más proclives a sufrir terremotos del planeta. Pero por una cuestión instintiva, inherente al ser humano en sí mismo y cuasi animal, al hombre lo intimida lo imponente. Vaya uno a saber porque la inmensidad atrae la atención del hombre. De una u otra forma no corresponde recaer la responsabilidad de un triunfo ultra necesario para el incendio que provocó esta selección, sigamos siendo locales en el único estadio imponente de la república. Sino preguntémosle a un goleador histórico de Boca como Mario Boyé, que calificó nuestra casa como una obra magnífica y majestuosa y que cuando Labruna se refirió a la misma como una olla a presión para los rivales, asintió sonriente. Hemos dicho.

jueves, 19 de mayo de 2016

Fernando Gago: "Es normal que la hinchada de Boca Juniors silbe" 2014

Cabizbajo: así se marchó al vestuario el elegante centrocampista subcampeón mundial de la Selección Argentina en el hostil ambiente de una Bombonera enardecida

- Domingo 10 de agosto de 2014, Estadio Alberto José Armando. En el marco de la jornada inaugural de una nueva edición del tradicional y devaluado certamen de Primera División del Fútbol Argentino, más bien “Torneo de Transición 2014 – Copa Dr. Ramón Carrillo”, el cuestionado equipo auriazul de Carlos Bianchi salía a la cancha con la ilusión a cuestas de comenzar de la mejor manera aquella temporada -que terminaría siendo fatídica para la entidad del gas pimienta- recibiendo al renovado Newell’s Old Boys de Gustavo Raggio, segundo sucesor leproso de Gerardo Martino, en una Bombonera que naturalmente evidenció varios sectores vacíos. De cara a un semestre cargado de compromisos en el que asomaban tres importantes competiciones por disputar (Campeonato local, Copa Argentina e internacionalmente la Copa Sudamericana), la dirigencia del CABJ optó por la contratación de algunos hombres de jerarquía, tal es el caso del delantero Andrés Chávez procedente de Banfield, con el sencillo y a la vez complejo desafío de hacerse de un título y obsequiarle una alegría a aquellos que no celebraba logros propios desde fines de 2008. Sin embargo, la imagen del elenco del ‘Virrey’ no varió en absolutamente nada de lo exhibido en los anteriores cotejos desde iniciado el dos mil catorce, debido al Déjà vu de fallas defensivas y carecimiento de juego e ideas claras para generar peligro en el área rival que solía aportar el irreemplazable Juan Román Riquelme, hombre que en esos momentos defendía los colores blanco y rojo jugando para Argentinos Juniors; el club de sus amores y el hogar en que prefirió retirarse del fútbol profesional.

¡Dibuje Román, dibuje! En 2014 la leyenda de Boca Juniors abandonó el equipo de Bianchi para retirarse en el club de sus amores con la camiseta que ama: La roja y blanca

Pasajes de cuasi buen manejo de pelota formulado por el dueño de casa se pudieron apreciar apenas en los primeros quince minutos de la primera etapa, sin dudas los mejores de Boca Juniors, que con algunos destellos de Fernando Gago, mediocampista cruelmente silbado e insultado durante y después del cotejo, tuvo las situaciones más claras para abrir el marcador. De cualquier manera fueron los rosarinos, aun siendo imprecisos, los que tuvieron las aproximaciones ofensivas más peligrosas al aprovechar los horrores defensivos de la escuadra adversaria. Cuando el entretiempo ya era casi un hecho, una mala salida del limitado Hernán Grana le permitió a la visita recuperar el esférico. En ese instante Lucas Bernardi abrió para el aquel día debutante en Primera División Mauricio Tévez (justo se apellida Tévez, je), joven que sorprendió con un fuerte disparo de afuera del área que se coló en el palo derecho de Agustín Orión, quien como de costumbre, reaccionó tarde. Ya en el complemento y hasta el final de la cita, un Boca ausente de sapiencia se fue desorganizadamente al ataque sin ninguna estrategia colectiva decente de embestir al oponente. Con la guardia baja y estando desprotegido en defensa ante un hipotético contraataque, Boca se fue perdiendo en malos pases, centros frontales y desbordes sin peligro ante el repudio constante de su gente que por momentos castigó con insultos, y de a ratos con un sepulcral silencio indiferente. Por su parte, Newell's, con el estreno de Gustavo Raggio en el banco de suplentes y el regreso del delantero goleador y ex militante de la tribuna Riverplatense Ignacio Scocco (todavía sin ritmo de fútbol), fue práctico, golpeó en un momento clave y logró un feliz retorno a Santa Fé con tres puntos bajo el brazo. Más precisamente bajo la suela del chico Tévez. Boca Juniors, que no perdía en casa desde el recordado Superclásico Mundial ante River Plate del Torneo Final 2014 –agónica victoria Millonaria por 2 a 1 con gol de Ramiro Funes Mori sobre el final (Manuel Lanzini autor del primer tanto para la visita)- en marzo de ese año, evidenció ser un equipo desdibujado y sin un líder que dentro de la cancha se hiciera del balón y absorbiera/neutralizara la presión de un público castigador para así liberar de responsabilidad directa a sus compañeros. Fue el pitazo final de Federico Beligoy aquel tácito dueño de la verdad que sentenció la derrota por la mínima del Boca de Bianchi en ante un equipo prácticamente nuevo, que inclusive estrenaba Director Técnico, en condición de local. Esos mismos jugadores coreados y aplaudidos en la salida al verde césped, fueron los mismos que de forma espontánea procedieron a una retirada veloz camino al vestuario local debido a los escupitajos, insultos y reprobaciones diversas de una enardecida parcialidad local, que, a nuestro humilde parecer, cruzó la raya del mal gusto y el desagradecimiento al momento de arrojarle un botellazo al entrenador más importante de toda la historia de la institución e ídolo indiscutido de la misma. El señor Carlos Bianchi. Son todo lo que no queremos ser.

El primer equipo de Boca Juniors y su entrenador se retiran de su propio estadio protegidos por los escudos de la policía


Véase el hostigamiento del Destructor Nro.12 a sus futbolistas del minuto 15:14 en adelante

Naturalmente el sombrío espectáculo que treinta y cinco mil bosteros le propinaron a Carlos Bianchi y compañía son material más que suficiente para elaborar un explícito y detallado futuro informe de Expediente River. Curiosamente uno de los más -sino el más- resistidos por el público presente fue el refinado volante central subcampeón de la Copa Mundial de la FIFA Brasil 2014 y hombre surgido de las divisiones inferiores de Boca, cuyo nombre engalana el título de esta columna. Quizás el dualismo de recibir agraviosa pesar de ser un aceptable producto de la cantera fue lo que más hirió el corazón de Fernando Rubén. Vale destacar que fue uno de los únicos que mostró la cara y dialogó con la prensa amontonada en los pasillos del estadio. Se lo notó dolido, perdido en un palabrerío que no hizo más que dejar en claro la necesidad de lanzar una catarata de declaraciones made in cassette para cumplir con las responsabilidades protocolares de un futbolista. Fue tal que un Gago en calidad de abogado del diablo intentó justificar el mal trato de la parcialidad contra el plantel completo con una frase más que indirecta: “Da bronca perder así. Es un mal comienzo, pero no es nada más que eso, un partido. Es normal que la hinchada nos silbe porque quieren ver al equipo ganar, lo entendemos"

¿Desaparece en partidos transcendentales? Sin lugar a dudas, pero ojo, no  sólo él ¿Quejoso? Como él sólo, ¿Medio puto? Un poco sí, y otro poco también. Pero de cualquier manera no se puede negar que aunque suele ser noticia por sus protestas y ademanes, también se destaca por sus grandes actuaciones dentro del campo. A Gago podríamos sugerirle que no piense en las situaciones tristes que le ha tocado atravezar ya que de esa manera no lograría encontrar ánimo de vivir la vida, si que piense en los momentos felices de la misma, de esa manera recordará que vale la pena vivirla y su alegría se multiplicaría día a día. Pero aquello es tan solo una utopía debido a que este pobre ser humano sufrió la eliminación de la Copa TOTAL Sudamericana 2014 y la Copa Libertadores de América 2015 ante el actual campeón continental, una en el Estadio Monumental y otra en la Bombonera, una con la posterior consagración de River Plate en la final y en la otra también, y ambas en tan sólo seis meses. Y a pesar de todos esos atenuantes la hinchada le dio la espalda a él y a sus compañeros. Los bosteros son así.

Declaración de Fernando Gago tras la derrota de Boca Juniors ante Newell's Old Boys correspondiente al 10 de agosto de 2014

martes, 1 de marzo de 2016

Andrés D'Alessandro se besó la camiseta y le gritó el gol de River Plate en la cara a miles de hinchas de Boca Juniors 2003

Recuerdo del día en que Andrés Nicolás D'Alessandro se llenó el pie de gol y los pulmones de felicidad jugando para River Plate en la Bombonera

- Equívocamente el contexto sociocultural actual en el que vivimos los argentinos y los ciudadanos latinoamericanos en general, y que naturalmente envuelve al Fútbol Argentino, admite acciones como insultar desmedidamente, realizar acusaciones provocativas o bromas xenófobas y de humor negro (sentí la indirecta, Osvaldo) dentro del campo de juego, abusar del juego brusco y agredir físicamente con el objetivo primario de lastimar y lesionar al oponente, o intentar sacar ventaja deportiva sucia y desleal por parte de los futbolistas para con sus colegas rivales, como parte del “Folklore del Fútbol Argentino”. Lamentablemente este repudiable accionar también ha sido en alguna ocasión perpretado por protagonistas del glorioso Club Atlético River Plate. La cosmovisión futbolística que tenemos todos los integrantes de Expediente River entorno a esta cuestión entiende, por ejemplo, que besarse la camiseta tras convertir un gol importante como sanas y sinceras manifestaciones de amor y lealtad por los colores que conforman el verdadero Folklore de nuestro fútbol. Lamentablemente en la actualidad besarse la casaca ante la fija y shokeada mirada de los adversarios o directamente sacársela y revolearla con una locura galopante, es sancionada con amonestación o incluso con expulsión. Claramente desde este humilde sitio queremos reivindicar ese acto sublime e incomparable de contacto pasional entre los labios del goleador y el manto sagrado que lo uniforma mientras los soldados malheridos del ejército rival fijan su mirada en un verde césped que ahora parece teñirse de dorado, porque ha sido bañado de gloria ajena. Ni hablar de los miles que atónitos le hacen culto al silencio en las sepulcrales tribunas del bando derrotado o los millones que observan los sucesos por televisión u otros medios, mientras blasfemamente maldicen el día en que juraron amor eterno por un estilo de vida gobernado por un esférico que manipula nuestras vidas. ¿Acaso existe algo más lindo que el retrato del héroe que fue a campo enemigo y tras lograr la hazaña de vencer a pesar de la adversidad les enrostra a los caídos los colores del triunfo? Pues nosotros sentimos que no. Por consecuente, en esta ocasión venimos a recordar un hecho de esta índole sucedido hace trece largos años cuando un joven y talentoso D’Alessandro, hombre que recientemente retornó al “club de sus amores” en busca de redención, rindió homenaje al folclore nacional y a la vida misma besando la camiseta de River Plate en la Bombonera tras un auténtico golazo. Yes, D’Alessandro yes.

Aquella fría tarde de junio Andrés D'Alessandro convirtió el primer gol del Superclásico y volvió loca a la defensa xeneize durante los 90 minutos

El 1 de junio de 2003 el River del Ingeniero Manuel Pellegrini visitó al Boca de Carlos Bianchi en el encuentro correspondiente a la Fecha Nº14 del Torneo Clausura de dicho año. Aquella edición del Superclásico Mundial se disputó en un Estadio Alberto José Armando colmado por miles de hinchas Millonarios que le realizaron una impresionante y recordada bienvenida al elenco de Núñez, que por consecuente pareció ser más local en la Bombonera que el mismísimo equipo xeneize. A los 10 minutos del primer tiempo Esteban Fuertes realizó una estupenda jugada en el área rival donde le traslado la pelota a Claudio Husain, éste asistió al siempre bien ubicado Eduardo ‘El Chacho’ Coudet que recibió, eludió a tres defensores boquenses y tocó atrás para que de primera, Andrés Nicolás D’Alessandro conectase el esférico con un tremendo zurdazo que le rompió el arco al Pato Abbondanzieri y estableció la ventaja parcial. Inmediatamente tras convertir su gol, el 10 rojiblanco salió gritando disparado hacia la tribuna donde se encontraba la eufórica parcialidad visitante colmando las bandejas media y alta, para dedicarle el tanto a ellos y besarse la legendaria camiseta de River en medio de una Bombonera atónitamente enmudecida. Luego, tras el abrazo con sus compañeros, dirigió la mirada nuevamente a la gente de River y repitió el beso a la casaca para después dar media vuelta y regresar a la mitad del campo de juego. Lamentablemente a pesar de la victoria transitoria del conjunto de Leonardo Astrada por dos tantos contra cero (D’Alessandro a los 10’ y Cavenaghi a los 39’), dos goles de Guillermo Barros Schelotto establecieron el empate 2-2 final. De cualquier manera el título quedó en manos del Más Grande al obtener 43 puntos en 19 fechas; Cuatro más que el subcampeón, Boca Juniors. De aquel olvidable empate con sabor a derrota únicamente podemos destacar la magnífica actuación de un joven e inspirado D’Alessandro que desde el inicio del match se transformó en el dolor de cabeza más grande de toda la defensa xeneize, especialmente del rústico Raúl Cascini, y que tirando La Boba y demostrando mucho fútbol, despliegue y personalidad, logró convertirse la figura de River aquella tarde. Una vez obtenido el Torneo Clausura 2003 en junio de dicho año ‘El Cabezón’ fue vendido al VfL Wolsfburgo en €9.663.800, tras jugar su última  y mejor temporada en el club de Núñez, donde disputó 40 partidos, marcó 14 goles y se retiró campeón, con la 10 en la espalda y siendo capitán del equipo.

En épocas donde se le daba dos bandejas a los visitantes Boca ponía el estadio y River la fiesta, pajarito

Gol de Andrés D'Alessandro a Boca Juniors correspondiente al Torneo Clausura 2003

En toda su carrera D'Alessandro enfrentó 7 veces a Boca Juniors: Ganó 4, empató 2, perdió 1 y le marcó un gol jugando en la Bombonera

A pesar de su buen rendimiento en el VfL Wolfsburgo alemán donde en 71 encuentros anotó 10 tantos y realizó 19 asistencias, el por entonces mediapunta de la Selección Argentina fue transferido al Portsmouth FC inglés donde no tuvo continuidad, luego pasó al Real Zaragoza de España, más tarde dejó Europa y regresó a la Argentina pero curiosamente para vestir la camiseta de San Lorenzo de Almagro y finalmente pasó a Internacional de Porto Alegre a mediados de 2008, donde jugó más de siete años y rápidamente se convirtió en capitán, ídolo absoluto y figura indiscutida ganadora de 11 títulos (6 estatales y 4 internacionales entre los que se destacan la Copa Sudamericana 2008, la Copa Suruga Bank 2009, la Copa Libertadores de América 2010 y la Recopa Sudamericana 2011). Tuvieron que pasar casi trece años para que Andrés Nicolás D’Alessandro, uno de los tantos talentos surgidos en la legendaria cantera Riverplatense, retornase a la institución que lo acobijó desde pequeño y lo formó como futbolista y principalmente como ser humano. 

Seguramente esta inesperada llegada de Andrés le provoque a muchos una enorme felicidad, e incluso emoción, por el hecho de ver a otro hijo pródigo del club buscando (re)triunfar en su lugar de origen. Pero la realidad indica que los millones que componemos la gran masa de hinchas de River a lo largo y ancho del mundo no experimentamos las mismas sensaciones de aquella minoría mencionada. Para muchos de nosotros es complicado aceptar que ex referentes, porque evidentemente la palabra “ídolo” está a años de luz de definir y caracterizar a este tipo de personajes, vuelvan al CARP en una situación tan cómoda, gloriosa y prometedora a futuro como la que dejaron ellos al momento de partir. Este maravilloso presente no se construyó de la noche a la mañana y mucho menos con el sudor de todos los que en la actualidad regresan para recibir un inmerecido aplauso por parte de los que más sufrimos en épocas de vacas flacas, los hinchas. Fue el arduo y constante trabajo de cientos de personas que genuinamente aman y viven por y para River, el que logró esta inmejorable realidad que años atrás, parecía una auténtica utopía. El profesionalismo y dedicación con el que se manejaron los planteles y cuerpos técnicos desde el ascenso a la actualidad, la excelente gestión de Rodolfo D’Onofrio y compañía, naturalmente el apoyo y participación constante de los más de 124.000 socios y el aliento de los más de 18 millones de hinchas y el compromiso a pesar de la adversidad que tuvieron casos puntuales como Marcelo Gallardo, Matías Almeyda, Fernando Cavenaghi, Alejandro Domínguez, David Trezeguet, Leonardo Ponzio y Ariel Ortega, fueron los pilares que levantaron institucional y deportivamente a un gigante que en la actualidad se jacta de ser el campeón vigente de la Copa Libertadores de América y el flamante subcampeón Mundial de Clubes ante el FC Barcelona de Lionel Messi en Yokohama. Porque si, de la mano del Muñeco volvimos a Japón.

Dejando un poco de lado la generalidad de los casos y el análisis de los demás traidores, al momento de tocar el delicado tema Andrés D’Alessandro, tal y como señaló Ariel Cristófalo en su columna de opinión para La Página Millonaria, el que esté libre de haber puteado cuando firmó con San Lorenzo y no con River, cuando fue a Inter y no a River, cuando renovó con Inter y no fue a River, cuando renovó con Inter y no fue a River y cuando renovó con Inter y no fue a River, que tire la primera piedra. El que no se ilusionó en vano tantas veces con declaraciones sacadas de contexto, con intentos tribuneros de –gracias a Dios- viejas dirigencias Millonarias, que arroje la segunda. Y que lance la tercera el que no se haya disfrazado de tachero para repetir los hits “Son todos mercenarios, solo les importa la guita” o “Acá te matamos el hambre, no sean desagradecidos”. Pero con tal de que el tipo tire La Boba una vez más y aporte su amplia cuota de goles y jerarquía para que River gane y salga campeón, todos preferimos aplaudir y meternos el orgullo y el recelo en los bolsillos. Porque primero somos hinchas de River, después seres egoístas que amamos tener la razón y afirmar erróneamente que predijimos eso que era obvio que sucedería. Porque inclusive nosotros los que miramos de reojo los retornos de Pablo Aimar, Javier Saviola, Luis González y ahora de Andrés D’Alessandro, sabemos que cuando lo tipos se ponen nuestra camiseta inmediatamente cuentan con nuestro apoyo por ser los representantes de la institución en el verde césped, y anhelamos a cada segundo que Dios los ilumine para que tengan el mejor nivel de sus carreras mientras defiendan La Banda Roja. Bienvenido nuevamente al club, Cabezón. Tenes la inmejorable oportunidad que otros no pudieron tener de limpiar en algún punto la fea imagen que vos solito te ganaste en el último tiempo. Claramente no llegarás nunca a ser ídolo, pero permitite a vos mismo devolverle algo al club y a la gente que tanto te dio para que cuando en el futuro vuelvas al Monumental simplemente en calidad de espectador, el público te pueda ovacionar merecidamente por tu exitosa segunda etapa en River Plate. ¡D'Ale River, D'Ale!