martes, 22 de noviembre de 2016

Mario 'Atómico' Boyé: "El Monumental es una obra magnífica y majestuosa" 1977

El Antonio Vespucio Liberti, la imponente olla a presión que hizo caer a los mejores en más de una oportunidad -en portada un retrato de River Plate 5 - 1 Boca Juniors, octubre 19 de 1941-

- 12 de octubre de 1974, Estadio Monumental, Buenos Aires. Desde las cúspides de las sibaritas tribunas riverplatenses se puede apreciar una imagen muy recurrente de aquella época. Miles de elegante sombreros se amontan en las adyacencias del estadio para ingresar lo más rápido posible a los anillos del club y encontrar las escaleras correspondientes que los llevasen directamente al cielo. Un cielo tan celeste y blanco como los colores que esa tarde los futbolistas de la Selección Argentina de Fútbol defendieron contra los muchachos de Ladislao Kubala, que hicieron lo propio para el combinado de la madre patria. Fue empate 1 a 1 en el marco del certamen amistoso “Copa 12 de octubre”. Aquel día quedó plasmado en la retina de los grandes historiadores del fútbol argentino, y no por el gol de cabeza del defensor mendocino Roberto Domingo Rogel, sino porque esa fue la primera vez en que el flaco César Luis Menotti pudo exponer en el verde césped su proyecto futbolístico, el primer proyecto serio que se presentó y desarrolló en el seleccionado argentino. Ocho jugadores de Independiente, seis de Huracán, tres de Boca Juniors y uno de River Plate tuvo la primera convocatoria de Menotti, el mismo día en que fue confirmado como entrenador. Cabe mencionar que de cara al debut contra España, ‘El Flaco’ no tuvo tiempo para trabajar, no utilizó a todos los jugadores que quería por la negativa de los clubes que debían cederlos y tampoco contó con el apoyo del público. Tras la Copa del Mundo que los alemanes levantaron en las narices de la mítica Naranja Mecánica se sabía que la sede del Mundial ‘78 seria nuestro país. Y lógicamente la sede principal del evento deportivo más espectacular de la tierra debía ser el mejor escenario disponible, y en Argentina, si se habla de un escenario monumental, se está hablando del Antonio Vespucio Liberti.

Roberto Rogel marca el empate, a seis minutos del final, en el 1 a 1 de 1974 ante la Selección de España (Foto: Diario Clarín)

De cualquier manera el fin de este informe no es comparar el estilo de juego vistoso de César Luis con la impresentable “estrategia” inconexa que propone Bauza y así exponer al actual seleccionador, muy por el contrario venimos a analizar un material correspondiente a los amigos de Fútbol Retro TV titulado “Argentina ’78: Mundial y Dictadura parte I” que estimamos de fines de 1977, donde se puede ver como dos próceres de nuestro balompié como la gloria boquense Mario Emilio Heriberto Boyé y el máximo ídolo de la historia del Club Atlético River Plate Ángel Amadeo Labruna, le cuentan a la prensa las sensaciones de contemplar con sus propios ojos al Estadio Monumental de Núñez en óptimas condiciones de cara al gran certamen mundial y de sus expectativas en cuanto al rendimiento que tendría combinado albiceleste en la competencia venidera. Mario ‘El Atómico’ Boyé, quien por su extraordinario desempeño goleador con las camisetas de Boca, Racing y Huracán se convirtió en uno de los mejores atacantes de la historia del fútbol argentino y que hoy descansa en paz en la cima de los ídolos más grandes de la historia xeneize, declaró sin pelos en la lengua: Al estadio de River siempre se le dijo ‘Monumental’, pero ahora ya es algo ‘súper Monumental’. La verdad que esto es algo extraordinario, es una obra magnífica y majestuosa. Siento envidia por los muchachos que van a defender nuestros colores y van a integrar el seleccionado que intervenga en el próximo mundial. Me gustaría tener treinta años menos para tener el orgullo de vestir los colores nacionales”. ¿Un histórico de Boca emocionado por el imponente estadio de River y reconociendo que el mismo es una obra arquitectónica magnífica y majestuosa? Señor juez, no más palabras.

Declaraciones de Mario 'Atómico' Boyé acerca del Estadio Monumental correspondiente a fines del año 1977

Paradójicamente mientras usted lee estas líneas, la actual selección subcampeona del mundo todavía no tiene su boleto asegurado para la copa del mundo del 2018 y el siguiente escollo para Lionel Messi y sus amigos será el mismo que nos ganó dos finales de América consecutivas manteniendo el arco en cero en los 240 minutos que suman los dos partidos de instancia definitiva. Los amantes de las teorías conspirativas dirán que es imposible que una organización política mundial que tiene como prioridad lavar millones en lugar de regular el deporte rey como lo es la FIFA, permita que Rusia 2018 no exhiba como gran anfitrión al mejor futbolista del planeta. Le pese a quien le pese este presente bochornoso del seleccionado comienza desde la cúspide estructural de una AFA que está siendo presidida por el dueño de Tsu Cosméticos Armando Pérez, continuando con un plantel de excéntricos multimillonarios que a pesar de vestir Armani y oler a Hugo Boss no pueden hacer un gol (directamente de ganar ni hablamos) en tres finales seguidas y que con 19 puntos de 36 posibles están a seis partidos de quedar en la memoria del país como el grupo de jugadores que dejaron a la Argentina sin jugar la copa del mundo. El técnico… ¿Tenemos técnico?, ¿Realmente existe en este seleccionado una persona encargada de una dirección, instrucción y logística de entrenamiento seria para el plantel?, ¿Entenderá ‘El Patón’ que una eliminatoria no se juega como una Copa Libertadores donde de local se ataca y de visitante se busca el empate? Es una pena que Edgardo Bauza no haya tenido el coraje suficiente para romper con la logia de amigos de la infancia que Lionel Messi mantiene desde hace años y convocar hombres que tengan la suficiente capacidad motriz de anotar en los partidos importantes y defiendan los colores patrios por merecimiento y no por contar los mejores chistes de borrachos en las concentraciones como es el caso de Ezequiel Lavezzi y de tantos otros ciclos cumplidos.

Resulta bastante incoherente, o como mínimo muy poco serio, que la suerte de una potencia histórica mundialista conducida dentro de la cancha por el que para muchos es el más grande futbolista de todos los tiempos, radique en el estadio a ejercer la localía de acá a que un hipotético repechaje nos separe. Ellos dicen que contra Chile la Bombonera empuja más. Que late. Que se mueve. Simulando que sea un hecho dudamos que esos “latidos” modifiquen el temple de los jugadores nacidos en uno de los países más proclives a sufrir terremotos del planeta. Pero por una cuestión instintiva, inherente al ser humano en sí mismo y cuasi animal, al hombre lo intimida lo imponente. Vaya uno a saber porque la inmensidad atrae la atención del hombre. De una u otra forma no corresponde recaer la responsabilidad de un triunfo ultra necesario para el incendio que provocó esta selección, sigamos siendo locales en el único estadio imponente de la república. Sino preguntémosle a un goleador histórico de Boca como Mario Boyé, que calificó nuestra casa como una obra magnífica y majestuosa y que cuando Labruna se refirió a la misma como una olla a presión para los rivales, asintió sonriente. Hemos dicho.

jueves, 19 de mayo de 2016

Fernando Gago: "Es normal que la hinchada de Boca Juniors silbe" 2014

Cabizbajo: así se marchó al vestuario el elegante centrocampista subcampeón mundial de la Selección Argentina en el hostil ambiente de una Bombonera enardecida

- Domingo 10 de agosto de 2014, Estadio Alberto José Armando. En el marco de la jornada inaugural de una nueva edición del tradicional y devaluado certamen de Primera División del Fútbol Argentino, más bien “Torneo de Transición 2014 – Copa Dr. Ramón Carrillo”, el cuestionado equipo auriazul de Carlos Bianchi salía a la cancha con la ilusión a cuestas de comenzar de la mejor manera aquella temporada -que terminaría siendo fatídica para la entidad del gas pimienta- recibiendo al renovado Newell’s Old Boys de Gustavo Raggio, segundo sucesor leproso de Gerardo Martino, en una Bombonera que naturalmente evidenció varios sectores vacíos. De cara a un semestre cargado de compromisos en el que asomaban tres importantes competiciones por disputar (Campeonato local, Copa Argentina e internacionalmente la Copa Sudamericana), la dirigencia del CABJ optó por la contratación de algunos hombres de jerarquía, tal es el caso del delantero Andrés Chávez procedente de Banfield, con el sencillo y a la vez complejo desafío de hacerse de un título y obsequiarle una alegría a aquellos que no celebraba logros propios desde fines de 2008. Sin embargo, la imagen del elenco del ‘Virrey’ no varió en absolutamente nada de lo exhibido en los anteriores cotejos desde iniciado el dos mil catorce, debido al Déjà vu de fallas defensivas y carecimiento de juego e ideas claras para generar peligro en el área rival que solía aportar el irreemplazable Juan Román Riquelme, hombre que en esos momentos defendía los colores blanco y rojo jugando para Argentinos Juniors; el club de sus amores y el hogar en que prefirió retirarse del fútbol profesional.

¡Dibuje Román, dibuje! En 2014 la leyenda de Boca Juniors abandonó el equipo de Bianchi para retirarse en el club de sus amores con la camiseta que ama: La roja y blanca

Pasajes de cuasi buen manejo de pelota formulado por el dueño de casa se pudieron apreciar apenas en los primeros quince minutos de la primera etapa, sin dudas los mejores de Boca Juniors, que con algunos destellos de Fernando Gago, mediocampista cruelmente silbado e insultado durante y después del cotejo, tuvo las situaciones más claras para abrir el marcador. De cualquier manera fueron los rosarinos, aun siendo imprecisos, los que tuvieron las aproximaciones ofensivas más peligrosas al aprovechar los horrores defensivos de la escuadra adversaria. Cuando el entretiempo ya era casi un hecho, una mala salida del limitado Hernán Grana le permitió a la visita recuperar el esférico. En ese instante Lucas Bernardi abrió para el aquel día debutante en Primera División Mauricio Tévez (justo se apellida Tévez, je), joven que sorprendió con un fuerte disparo de afuera del área que se coló en el palo derecho de Agustín Orión, quien como de costumbre, reaccionó tarde. Ya en el complemento y hasta el final de la cita, un Boca ausente de sapiencia se fue desorganizadamente al ataque sin ninguna estrategia colectiva decente de embestir al oponente. Con la guardia baja y estando desprotegido en defensa ante un hipotético contraataque, Boca se fue perdiendo en malos pases, centros frontales y desbordes sin peligro ante el repudio constante de su gente que por momentos castigó con insultos, y de a ratos con un sepulcral silencio indiferente. Por su parte, Newell's, con el estreno de Gustavo Raggio en el banco de suplentes y el regreso del delantero goleador y ex militante de la tribuna Riverplatense Ignacio Scocco (todavía sin ritmo de fútbol), fue práctico, golpeó en un momento clave y logró un feliz retorno a Santa Fé con tres puntos bajo el brazo. Más precisamente bajo la suela del chico Tévez. Boca Juniors, que no perdía en casa desde el recordado Superclásico Mundial ante River Plate del Torneo Final 2014 –agónica victoria Millonaria por 2 a 1 con gol de Ramiro Funes Mori sobre el final (Manuel Lanzini autor del primer tanto para la visita)- en marzo de ese año, evidenció ser un equipo desdibujado y sin un líder que dentro de la cancha se hiciera del balón y absorbiera/neutralizara la presión de un público castigador para así liberar de responsabilidad directa a sus compañeros. Fue el pitazo final de Federico Beligoy aquel tácito dueño de la verdad que sentenció la derrota por la mínima del Boca de Bianchi en ante un equipo prácticamente nuevo, que inclusive estrenaba Director Técnico, en condición de local. Esos mismos jugadores coreados y aplaudidos en la salida al verde césped, fueron los mismos que de forma espontánea procedieron a una retirada veloz camino al vestuario local debido a los escupitajos, insultos y reprobaciones diversas de una enardecida parcialidad local, que, a nuestro humilde parecer, cruzó la raya del mal gusto y el desagradecimiento al momento de arrojarle un botellazo al entrenador más importante de toda la historia de la institución e ídolo indiscutido de la misma. El señor Carlos Bianchi. Son todo lo que no queremos ser.

El primer equipo de Boca Juniors y su entrenador se retiran de su propio estadio protegidos por los escudos de la policía


Véase el hostigamiento del Destructor Nro.12 a sus futbolistas del minuto 15:14 en adelante

Naturalmente el sombrío espectáculo que treinta y cinco mil bosteros le propinaron a Carlos Bianchi y compañía son material más que suficiente para elaborar un explícito y detallado futuro informe de Expediente River. Curiosamente uno de los más -sino el más- resistidos por el público presente fue el refinado volante central subcampeón de la Copa Mundial de la FIFA Brasil 2014 y hombre surgido de las divisiones inferiores de Boca, cuyo nombre engalana el título de esta columna. Quizás el dualismo de recibir agraviosa pesar de ser un aceptable producto de la cantera fue lo que más hirió el corazón de Fernando Rubén. Vale destacar que fue uno de los únicos que mostró la cara y dialogó con la prensa amontonada en los pasillos del estadio. Se lo notó dolido, perdido en un palabrerío que no hizo más que dejar en claro la necesidad de lanzar una catarata de declaraciones made in cassette para cumplir con las responsabilidades protocolares de un futbolista. Fue tal que un Gago en calidad de abogado del diablo intentó justificar el mal trato de la parcialidad contra el plantel completo con una frase más que indirecta: “Da bronca perder así. Es un mal comienzo, pero no es nada más que eso, un partido. Es normal que la hinchada nos silbe porque quieren ver al equipo ganar, lo entendemos"

¿Desaparece en partidos transcendentales? Sin lugar a dudas, pero ojo, no  sólo él ¿Quejoso? Como él sólo, ¿Medio puto? Un poco sí, y otro poco también. Pero de cualquier manera no se puede negar que aunque suele ser noticia por sus protestas y ademanes, también se destaca por sus grandes actuaciones dentro del campo. A Gago podríamos sugerirle que no piense en las situaciones tristes que le ha tocado atravezar ya que de esa manera no lograría encontrar ánimo de vivir la vida, si que piense en los momentos felices de la misma, de esa manera recordará que vale la pena vivirla y su alegría se multiplicaría día a día. Pero aquello es tan solo una utopía debido a que este pobre ser humano sufrió la eliminación de la Copa TOTAL Sudamericana 2014 y la Copa Libertadores de América 2015 ante el actual campeón continental, una en el Estadio Monumental y otra en la Bombonera, una con la posterior consagración de River Plate en la final y en la otra también, y ambas en tan sólo seis meses. Y a pesar de todos esos atenuantes la hinchada le dio la espalda a él y a sus compañeros. Los bosteros son así.

Declaración de Fernando Gago tras la derrota de Boca Juniors ante Newell's Old Boys correspondiente al 10 de agosto de 2014

martes, 1 de marzo de 2016

Andrés D'Alessandro se besó la camiseta y le gritó el gol de River Plate en la cara a miles de hinchas de Boca Juniors 2003

Recuerdo del día en que Andrés Nicolás D'Alessandro se llenó el pie de gol y los pulmones de felicidad jugando para River Plate en la Bombonera

- Equívocamente el contexto sociocultural actual en el que vivimos los argentinos y los ciudadanos latinoamericanos en general, y que naturalmente envuelve al Fútbol Argentino, admite acciones como insultar desmedidamente, realizar acusaciones provocativas o bromas xenófobas y de humor negro (sentí la indirecta, Osvaldo) dentro del campo de juego, abusar del juego brusco y agredir físicamente con el objetivo primario de lastimar y lesionar al oponente, o intentar sacar ventaja deportiva sucia y desleal por parte de los futbolistas para con sus colegas rivales, como parte del “Folklore del Fútbol Argentino”. Lamentablemente este repudiable accionar también ha sido en alguna ocasión perpretado por protagonistas del glorioso Club Atlético River Plate. La cosmovisión futbolística que tenemos todos los integrantes de Expediente River entorno a esta cuestión entiende, por ejemplo, que besarse la camiseta tras convertir un gol importante como sanas y sinceras manifestaciones de amor y lealtad por los colores que conforman el verdadero Folklore de nuestro fútbol. Lamentablemente en la actualidad besarse la casaca ante la fija y shokeada mirada de los adversarios o directamente sacársela y revolearla con una locura galopante, es sancionada con amonestación o incluso con expulsión. Claramente desde este humilde sitio queremos reivindicar ese acto sublime e incomparable de contacto pasional entre los labios del goleador y el manto sagrado que lo uniforma mientras los soldados malheridos del ejército rival fijan su mirada en un verde césped que ahora parece teñirse de dorado, porque ha sido bañado de gloria ajena. Ni hablar de los miles que atónitos le hacen culto al silencio en las sepulcrales tribunas del bando derrotado o los millones que observan los sucesos por televisión u otros medios, mientras blasfemamente maldicen el día en que juraron amor eterno por un estilo de vida gobernado por un esférico que manipula nuestras vidas. ¿Acaso existe algo más lindo que el retrato del héroe que fue a campo enemigo y tras lograr la hazaña de vencer a pesar de la adversidad les enrostra a los caídos los colores del triunfo? Pues nosotros sentimos que no. Por consecuente, en esta ocasión venimos a recordar un hecho de esta índole sucedido hace trece largos años cuando un joven y talentoso D’Alessandro, hombre que recientemente retornó al “club de sus amores” en busca de redención, rindió homenaje al folclore nacional y a la vida misma besando la camiseta de River Plate en la Bombonera tras un auténtico golazo. Yes, D’Alessandro yes.

Aquella fría tarde de junio Andrés D'Alessandro convirtió el primer gol del Superclásico y volvió loca a la defensa xeneize durante los 90 minutos

El 1 de junio de 2003 el River del Ingeniero Manuel Pellegrini visitó al Boca de Carlos Bianchi en el encuentro correspondiente a la Fecha Nº14 del Torneo Clausura de dicho año. Aquella edición del Superclásico Mundial se disputó en un Estadio Alberto José Armando colmado por miles de hinchas Millonarios que le realizaron una impresionante y recordada bienvenida al elenco de Núñez, que por consecuente pareció ser más local en la Bombonera que el mismísimo equipo xeneize. A los 10 minutos del primer tiempo Esteban Fuertes realizó una estupenda jugada en el área rival donde le traslado la pelota a Claudio Husain, éste asistió al siempre bien ubicado Eduardo ‘El Chacho’ Coudet que recibió, eludió a tres defensores boquenses y tocó atrás para que de primera, Andrés Nicolás D’Alessandro conectase el esférico con un tremendo zurdazo que le rompió el arco al Pato Abbondanzieri y estableció la ventaja parcial. Inmediatamente tras convertir su gol, el 10 rojiblanco salió gritando disparado hacia la tribuna donde se encontraba la eufórica parcialidad visitante colmando las bandejas media y alta, para dedicarle el tanto a ellos y besarse la legendaria camiseta de River en medio de una Bombonera atónitamente enmudecida. Luego, tras el abrazo con sus compañeros, dirigió la mirada nuevamente a la gente de River y repitió el beso a la casaca para después dar media vuelta y regresar a la mitad del campo de juego. Lamentablemente a pesar de la victoria transitoria del conjunto de Leonardo Astrada por dos tantos contra cero (D’Alessandro a los 10’ y Cavenaghi a los 39’), dos goles de Guillermo Barros Schelotto establecieron el empate 2-2 final. De cualquier manera el título quedó en manos del Más Grande al obtener 43 puntos en 19 fechas; Cuatro más que el subcampeón, Boca Juniors. De aquel olvidable empate con sabor a derrota únicamente podemos destacar la magnífica actuación de un joven e inspirado D’Alessandro que desde el inicio del match se transformó en el dolor de cabeza más grande de toda la defensa xeneize, especialmente del rústico Raúl Cascini, y que tirando La Boba y demostrando mucho fútbol, despliegue y personalidad, logró convertirse la figura de River aquella tarde. Una vez obtenido el Torneo Clausura 2003 en junio de dicho año ‘El Cabezón’ fue vendido al VfL Wolsfburgo en €9.663.800, tras jugar su última  y mejor temporada en el club de Núñez, donde disputó 40 partidos, marcó 14 goles y se retiró campeón, con la 10 en la espalda y siendo capitán del equipo.

En épocas donde se le daba dos bandejas a los visitantes Boca ponía el estadio y River la fiesta, pajarito

Gol de Andrés D'Alessandro a Boca Juniors correspondiente al Torneo Clausura 2003

En toda su carrera D'Alessandro enfrentó 7 veces a Boca Juniors: Ganó 4, empató 2, perdió 1 y le marcó un gol jugando en la Bombonera

A pesar de su buen rendimiento en el VfL Wolfsburgo alemán donde en 71 encuentros anotó 10 tantos y realizó 19 asistencias, el por entonces mediapunta de la Selección Argentina fue transferido al Portsmouth FC inglés donde no tuvo continuidad, luego pasó al Real Zaragoza de España, más tarde dejó Europa y regresó a la Argentina pero curiosamente para vestir la camiseta de San Lorenzo de Almagro y finalmente pasó a Internacional de Porto Alegre a mediados de 2008, donde jugó más de siete años y rápidamente se convirtió en capitán, ídolo absoluto y figura indiscutida ganadora de 11 títulos (6 estatales y 4 internacionales entre los que se destacan la Copa Sudamericana 2008, la Copa Suruga Bank 2009, la Copa Libertadores de América 2010 y la Recopa Sudamericana 2011). Tuvieron que pasar casi trece años para que Andrés Nicolás D’Alessandro, uno de los tantos talentos surgidos en la legendaria cantera Riverplatense, retornase a la institución que lo acobijó desde pequeño y lo formó como futbolista y principalmente como ser humano. 

Seguramente esta inesperada llegada de Andrés le provoque a muchos una enorme felicidad, e incluso emoción, por el hecho de ver a otro hijo pródigo del club buscando (re)triunfar en su lugar de origen. Pero la realidad indica que los millones que componemos la gran masa de hinchas de River a lo largo y ancho del mundo no experimentamos las mismas sensaciones de aquella minoría mencionada. Para muchos de nosotros es complicado aceptar que ex referentes, porque evidentemente la palabra “ídolo” está a años de luz de definir y caracterizar a este tipo de personajes, vuelvan al CARP en una situación tan cómoda, gloriosa y prometedora a futuro como la que dejaron ellos al momento de partir. Este maravilloso presente no se construyó de la noche a la mañana y mucho menos con el sudor de todos los que en la actualidad regresan para recibir un inmerecido aplauso por parte de los que más sufrimos en épocas de vacas flacas, los hinchas. Fue el arduo y constante trabajo de cientos de personas que genuinamente aman y viven por y para River, el que logró esta inmejorable realidad que años atrás, parecía una auténtica utopía. El profesionalismo y dedicación con el que se manejaron los planteles y cuerpos técnicos desde el ascenso a la actualidad, la excelente gestión de Rodolfo D’Onofrio y compañía, naturalmente el apoyo y participación constante de los más de 124.000 socios y el aliento de los más de 18 millones de hinchas y el compromiso a pesar de la adversidad que tuvieron casos puntuales como Marcelo Gallardo, Matías Almeyda, Fernando Cavenaghi, Alejandro Domínguez, David Trezeguet, Leonardo Ponzio y Ariel Ortega, fueron los pilares que levantaron institucional y deportivamente a un gigante que en la actualidad se jacta de ser el campeón vigente de la Copa Libertadores de América y el flamante subcampeón Mundial de Clubes ante el FC Barcelona de Lionel Messi en Yokohama. Porque si, de la mano del Muñeco volvimos a Japón.

Dejando un poco de lado la generalidad de los casos y el análisis de los demás traidores, al momento de tocar el delicado tema Andrés D’Alessandro, tal y como señaló Ariel Cristófalo en su columna de opinión para La Página Millonaria, el que esté libre de haber puteado cuando firmó con San Lorenzo y no con River, cuando fue a Inter y no a River, cuando renovó con Inter y no fue a River, cuando renovó con Inter y no fue a River y cuando renovó con Inter y no fue a River, que tire la primera piedra. El que no se ilusionó en vano tantas veces con declaraciones sacadas de contexto, con intentos tribuneros de –gracias a Dios- viejas dirigencias Millonarias, que arroje la segunda. Y que lance la tercera el que no se haya disfrazado de tachero para repetir los hits “Son todos mercenarios, solo les importa la guita” o “Acá te matamos el hambre, no sean desagradecidos”. Pero con tal de que el tipo tire La Boba una vez más y aporte su amplia cuota de goles y jerarquía para que River gane y salga campeón, todos preferimos aplaudir y meternos el orgullo y el recelo en los bolsillos. Porque primero somos hinchas de River, después seres egoístas que amamos tener la razón y afirmar erróneamente que predijimos eso que era obvio que sucedería. Porque inclusive nosotros los que miramos de reojo los retornos de Pablo Aimar, Javier Saviola, Luis González y ahora de Andrés D’Alessandro, sabemos que cuando lo tipos se ponen nuestra camiseta inmediatamente cuentan con nuestro apoyo por ser los representantes de la institución en el verde césped, y anhelamos a cada segundo que Dios los ilumine para que tengan el mejor nivel de sus carreras mientras defiendan La Banda Roja. Bienvenido nuevamente al club, Cabezón. Tenes la inmejorable oportunidad que otros no pudieron tener de limpiar en algún punto la fea imagen que vos solito te ganaste en el último tiempo. Claramente no llegarás nunca a ser ídolo, pero permitite a vos mismo devolverle algo al club y a la gente que tanto te dio para que cuando en el futuro vuelvas al Monumental simplemente en calidad de espectador, el público te pueda ovacionar merecidamente por tu exitosa segunda etapa en River Plate. ¡D'Ale River, D'Ale!

lunes, 4 de enero de 2016

A falta de títulos oficiales, el Club Atlético Boca Juniors celebra en gran manera ser el campeón del verano 1988

Recreación del desayuno de los hinchas del Club Atlético Boca Juniors en la mañana del 24 de febrero de 1988 (?)

- Antes que todo Expediente River les desea, especialmente a los hinchas del flamante campeón absoluto de América y subcampeón mundial de clubes en Japón, un muy bendecido, feliz y próspero año. Dicho esto, procedemos a iniciar formalmente nuestras actividades regulares del 2016. Comenzó un nuevo año e ilusión es la palabra que mejor define el proyecto de cada uno de los equipos argentinos que entrenan de manera intensiva en esta pretemporada de verano 2016, de cara al inicio de las competencias oficiales nacionales e internacionales correspondientes. De cualquier manera no estamos interesados en escribir precisamente sobre el trabajo estival actual que realizan los clubes del país con la mira puesta en los ya tradicionales torneos y/o amistosos de verano. Como ya mencionamos anteriormente, cualquier equipo que comienza sus actividades precompetitivas está en mayor o menor medida invadido por la ilusión de arrancar el año de la mejor manera posible. Pero en el caso del Boca de 1988 dirigido por José Omar Pastoriza curiosamente dicha esperanza se multiplicó de una forma exponencial al tratarse de un equipo recientemente conformado o en otras palabras relativamente nuevo, por consecuente inmaduro que, paradójicamente, directa e indirectamente cargaba con la enorme presión y responsabilidad de consagrarse campeón y regalarle una alegría a un Destructor Nro. 12 que no daba una vuelta olímpica desde mediados de 1981, y que cuyas únicas celebraciones anuales en ese tiempo eran Navidad y el 31 de diciembre. Y si sumado a todo lo desarrollado líneas arriba también tenemos en cuenta que en la vereda de enfrente el legendario Club Atlético River Plate tenía en su haber seis títulos (tres internacionales), entre los que se destacan la Copa Libertadores de América y la Copa Toyota Intercontinental de Clubes, en lo que iba de década hasta ese momento, podemos afirmar que la ilusión del Boca del ’88 se disparó a niveles inconmensurables e incompresibles por el raciocinio humano.

Evidentemente las palabras "River" y "Campeón" se entendieron bastante bien durante la inolvidable década de 1980

El 9 de enero de 1988 el ilusionante Boca de José Omar Pastoriza debutó en la Copa de Oro MDQ empatando 2 a 2 ante Independiente en el Estadio José María Minella. Cinco días más tarde un nuevo empate con idéntico marcador, esta vez ante Racing Club, dejó al xeneize en la segunda posición del cuadrangular debido a la recordada goleada 5 a 1 que el puntero River Plate le propinó a un pobre Independiente en la segunda fecha. Pero la derrota de Racing en el Clásico de Avellaneda, cuando no, entregó el torneo al ganador del Superclásico Mundial programado para la ronda final. Para los de casaca azul con franja amarilla se trataba de una oportunidad ideal para levantar una copa, brindar y saborear un buen trago de gloria (?), mientras que lo único que divisaron los de Núñez aquella vez fue la simple ocasión de ganarle al eterno rival una vez más y obtener otro campeonato extraoficial. Ni más ni menos de lo que verdaderamente representaba aquel encuentro. La definición se dio el 27 de enero en el Estadio José María Minella, donde el equipo de Pastoriza derrotó 1 a 0 a River Plate con gol de Alfredo Graciani. De esta manera, aquella noche Boca Juniors recibió las medallas ganadoras y se consagró campeón de la Copa de Oro MDQ. Finalizado el partido los futbolistas xeneizes comenzaron a cantar y celebrar de manera eufórica para minutos después culminar con una curiosa vuelta olímpica exhibiendo el trofeo. Al otro día, los principales medios deportivos se hicieron eco de este logro que sin lugar a dudas merece el rótulo de legendario. O al menos eso quiso instalar la prensa nacional al darle tanta trascendencia a un simple cotejo amistoso. Evidentemente en el fútbol argentino cada uno festeja lo que puede.

Tapa del Diario Clarín correspondiente al 28 de enero de 1988

Artículo de la Revista Deportiva correspondiente al 28 de enero de 1988

Tapa de la revista El Gráfico Nº 3565 correspondiente al 2 de febrero de 1988 (incluía lámina del campeón)

Cuatro días después de vencer por la mínima a River Plate en el primer certamen estival del año Boca Juniors debutó en la Copa Ciudad de Mar del Plata con victoria 2 a 1 ante Peñarol de Uruguay. La caída del Millonario por dos tantos contra cero ante el Aurinegro oriental y una nueva victoria xeneize, esta vez ante el América de Cali colombiano, fueron los resultados dados en la segunda fecha del torneo. El 23 de febero de 1988, en el Estadio José María Minella, Boca Juniors derrotó a La Banda Roja por 2 a 1 con goles de Jorge Comas y el boliviano Milton Melgar. Cabe mencionar que tres días antes del Superclásico el conjunto caleño se había posicionado tercero en el torneo tras superar a Peñarol por 2 a 1. Finalmente Boca Juniors cerró una pretemporada inolvidable habiéndole sumado la Copa Ciudad de Mar del Plata a su gloriosa e inolvidable senda de victorias extraoficiales que comenzó con la obtención de la Copa de Oro MDQ en enero, convirtiéndose en el legendario campeón absoluto del verano 1988. La mediocridad es lo excelente para los mediocres dijo alguna vez el moralista y ensayista francés Joseph Joubert. Sientan la indirecta, porcinos.

Cucciuffo,  Rinaldi,  Gatti, Tavares, Graciani y Abramovich tras ganar la Copa Ciudad de Mar del Plata en febrero de 1988. Época donde se festejaban esos logros con vuelta olímpica y todo (?)

Tapa del Diario Clarín correspondiente al 24 de febrero de 1988

Edición especial multimedia audiovisual de febrero de El Gráfico que incluía una revista y un videocassette alusivo a los dos títulos obtenidos por Boca Juniors en el verano de 1988

“Cuando te ponés la camiseta de River estás obligado a ganar todos los partidos y todos los campeonatos. Acá no se puede perder nunca, eso nos diferencia de la contra”, dijo alguna  vez el icónico ídolo riverplatense Norberto ‘Beto’ Alonso. Es así. Al ser la institución deportiva más grande y representativa de América según los rankings de la FIFA y la IFFHS, el Club Atlético River Plate históricamente les ha transmitido a sus futbolistas la filosofía de afrontar todos los encuentros, independientemente del carácter oficial o extraoficial, del rival en cuestión, de la condición local o visitante o del escenario, como auténticas finales. Por su parte, al ser un club teóricamente grande de la República Argentina, Boca Juniors también tiene la costumbre de mostrar mucho interés en obtener los diferentes certámenes precompetitivos. Especialmente en tiempo de vacas flacas si hablamos de títulos oficiales e importantes.

Para señalar la relevancia mundial de un Superclásico, amistoso o no, es importante destacar una encuesta realizada por el diario inglés “The Observer”. Con motivo de su aniversario N°50, este periódico decidió consultar a expertos del deporte sobre un evento que consideren apasionante. El editor de la revista World Soccer Magazine fue el elegido para el fútbol y describió este encuentro como «insuperable por ningún otro en el mundo por su pasión e intensidad». Por su parte, la prestigiosa revista inglesa “FourFourTwo” lo calificó como el clásico más grande del planeta y lo posicionó en el primer puesto de un ranking que involucra a otras nueve importantes rivalidades del fútbol mundial. Tanto hinchas como futbolistas divisamos este duelo como lo más importante del mundo. Realmente no importa demasiado que sea extraoficial, porque siempre que River Plate y Boca Juniors se enfrentan revalidan su condición de enemigos necesarios. Pero también es cierto que bajo ningún término un Superclásico amistoso puede tener la misma importancia que un Superclásico oficial, y mucho menos que uno copero. La única verdad es la realidad. Con respecto a aquel inolvidable Boca del ’88… ¿No habrá sido mucho dar la vuelta olímpica ante la mirada de futbolistas campeones de América y el mundo como los de River Plate? ¿Era necesario un festejo tan eufórico y descontrolado simplemente por obtener dos campeonatos amistosos de verano? ¿No se le habrá ido un poco mucho la mano a casi toda la prensa argentina al referirse a Boca como un "campeón espectacular" y lanzar al mercado vídeocassettes y ediciones especiales de dichas conquistas? ¿No les dio vergüenza?

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Rodolfo Arruabarrena: "Voy a volver a Boca Juniors a putear desde la platea" 2009


- Antes de convertirse en el director técnico protagonista y responsable de las históricas eliminaciones de Boca Juniors en Copa Total Sudamericana 2014 y Copa Bridgestone Libertadores de América 2015 a manos del legendario Club Atlético River Plate, Rodolfo Arruabarrena cursó sus últimas temporadas como futbolista profesional en la Primera División Argentina defendiendo los colores del Club Atlético Tigre, antes de colgar definitivamente los botines en el año 2010 jugando para la Universidad Católica de Chile. En marzo de 2009, mientras militaba en la institución de Victoria, 'El Vasco' accedió a responder doce preguntas formuladas por el público en la tradicional sección "Nota de lectores" de la revista El Gráfico. Objetivamente hablando hay que reconocer que a pesar de ser preso de su limitada capacidad neuronal y circunspecta destreza mental, las contestaciones de Arruabarrena son lo suficientemente singulares como para ser motivo de un nuevo informe de Expediente River. Pero lo realmente nos convoca hoy no son las rotundas negativas de Rodolfo Martín ante la típica y obligada pregunta a un futbolista de si en un futuro analizaba la posibilidad de convertirse en entrenador, sino que muy por el contrario, decidimos hacer hincapié en su confesa decisión de no regresar al CABJ en una hipotética segunda etapa como futbolista, ni en función entrenador, y si volver únicamente en calidad de francoputeador serial de platea boquense. Los bosteros son así...

Nota de El Gráfico correspondiente al 30 de marzo de 2009

Al margen de la controvertida declaración acerca de sus factibles impulsos puteadores post retiro profesional que ejercería en las plateas del Alberto José armando, cabe mencionar que la decisión que tomó 'El Vasco' de no retornar a Boca Juniors para afrontar una temporada difícil a nivel deportivo e institucional como fue la 2008/2009 siendo él un símbolo de la etapa mas gloriosa del club, fue muy poco solidaria ¿No les parece? ¿Acaso no eran los futbolistas de River Plate los únicos desamorados y mercenarios que optaban por quedarse en el viejo continente (o en su defecto en destinos paradisíacos y millonarios) y no volver por la gloria a la institución que los vio nacer y/o triunfar? El pez por la boca muere. Y este pez oriundo de Marcos Paz, Provincia de Buenos Aires, redundantemente, no dejó morir su vida como jugador en La Boca, sino en Victoria, más precisamente en el Club Atlético Tigre.

Rodolfo Arruabarrena jugando para Tigre en la final del Torneo Apertura 2008 ante Boca Juniors

Fue recién en el frío agosto de 2014 cuando Rodolfo Arruabarrena volvió a estacionarse en las adyacencias del Predio Pedro Pompilio para ingresar a la Bombonera como empleado de la institución. Esta vez, en materia de director técnico del primer equipo de fútbol. Irónicamente la parcialidad xeneize hubiese preferido ciegamente que 'El Vasco' jamás retornara a la entidad que lo vio nacer y triunfar. La causa de la decadente imagen actual que arrastra el ex lateral izquierdo del Villarreal desde sus comienzos en el banco de suplente boquense puede ser fácilmente certificada si analizamos sus catorce meses al mando del mismo. Su debut en el equipo de La Ribera se produjo el 31 de agosto del 2014 en la Bombonera ante Velez Sarsfield por la fecha Nº 5 del Torneo de Transición 2014, con victoria 3 a 1 donde se notó mejor juego y más actitud por parte de los futbolistas locales. A pesar de haber llegado a la semifinal de la Copa Total Sudamericana, derrotando a equipos ignotos del continente, las ilusiones boquenses se derrumbaron cuando Leonardo Pisculichi marcó aquel mítico gol en el Monumental que sirvió para que River Plate eliminara a Boca Juniors del certamen internacional. Para afrontar la temporada 2015 Daniel Angelici invirtió muchos millones de dólares en armarle un plantel rico en cantidad, jerarquía y nivel para lograr el máximo objetivo del año y la década: la Copa Libertadores. Pero los resultados serían los mismos. O incluso peores. A pesar de las exuberantes cantidades de dinero gastadas en jugadores de renombre, la presión mediática impuesta por los medios contra el equipo de Marcelo Gallardo y de la condición de local a la hora de definir esta histórica serie copera que benefició al absoluto ganador del Grupo 6, River Plate eliminó a Boca Juniors de la Copa Bridgestone Libertadores de América 2015 en la mismísima Bombonera. Dos veces en seis meses.

Diversos medios se hicieron eco del histórico triunfo de River Plate en Copa Sudamericana

Nuevamente, esta vez en Copa Libertadores, River Plate fue el karma internacional de Boca Juniors

Lamentablemente para él y su gente, el primer título oficial de la gloriosa (?) 'Era Arruabarrena' se concretó hace tres días cuando Boca le ganó 1 a 0 a Tigre en la Bombonera y se consagró campeón del bochornoso Campeonato de Primera División 2015. Mientras tanto, desde un cuartel secreto ubicado en Núñez, Marcelo Gallardo relojeaba el partido por televisión con la Copa Sudamericana, la Recopa Sudamericana, la Supercopa Euroamericana, la Copa Libertadores y la Copa Suruga Bank al lado de su sillón, mientras planificaba la serie ante Huracán que el Millonario disputará en los próximos días en el marco de otra semifinal internacional. Desde Expediente River decidimos hacer público nuestro apoyo a la fórmula electoral Angelici-Arruabarrena-Tévez con el fin de que este exitoso ciclo xeneize (entiéndase desde 2011 al presente) continúe con los mismo sistema de trabajo y organización. También queremos felicitar al Club Atlético Boca Juniors, y naturalmente a todo su público, por el reciente título número 26 obtenido, ya que cuando el Club Atlético River Plate llegó a ese número de trofeos en el ámbito nacional -hace más de veinte años- también se celebró en gran manera. Simple y desinteresadamente quisimos saludarlos ahora por el lógico temor de no tener buena señal y comunicación a Argentina desde oriente. Exacto, porque dentro de un mes, de la mano del Muñeco vamo' a Japón.


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